Maderas de oriente, recuperando algo que había perdido


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Cuando el cuerpo lleva ya casi noventa años respirando, parece que se ha olvidado del cuidado con el que se ponía las medias y los tacones, el rímel, o aquel pintalabios suave de a diario.

Ropa cómoda, nada de maquillaje, colonia fresquita, manicura sencilla, y el pelo, más o menos en su sitio, para poder pasar el día sentada en el sofá, rodeada de pensamientos, dolores, y el sonido de la inagotable televisión.

Cuando le das pie, vuela y te lleva de la mano a los tiempos de Sira, y parece mentira que ella fuera cantando por la calle, a la vez que saltaba un canal de agua y le guiñaba un ojo a su galán.

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Maderas de oriente siempre fue su perfume, su olor, su personalidad… Empezó su madre comprándosela desde muy joven, siguió mi abuelo, después mi tío, y después… desapareció, se dejo de fabricar… y pasamos a oler a diferentes fragancias, muy agradables también, pero tan diferentes…

Para mi sorpresa, y gracias a que existen personas que crean verdaderos rincones de nostalgia, como La Real Fábrica Española, donde encontrar maravillas que te traen miles de recuerdos, pude rescatar este pedacito de mi abuela.

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Hoy, día libre, he ido a llevarle mi pequeña sorpresa, y la emoción me ha llenado de felicidad. Ella no podía creer el haber recuperado su aroma, su cachito de vida, sus recuerdos. Se le veía tan contenta… que hacia tiempo que no conseguía tanto… Ha sido tan impactante volver a olerla, que he cerrado los ojos, y de repente estaba sentada en una silla muy bajita en una casa con un balcón de rejas verdes, mirando como me hacía un poleo con leche. Decenas de sensaciones han venido corriendo, para quedarse un ratito en mi cabeza… esa casa, las escaleras, la Reme, la habitación pequeña llena de cachivaches con camas que al bajar tenían tesoros en miniatura,…

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Ella, por su parte se ha emocionado al recordar a mi abuelo y su fiel protector de su sello como fragancia.

Gracias, Real Fábrica, gracias, porque lo que haces, no son simples objetos rescatados de la máquina del tiempo, lo que haces, lo que consigues, es tan grande, como volver a recordar un beso, una caricia… A mi abuela, la he hecho por un día inmensamente feliz, y la he devuelto algo que había perdido.

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