Dulces recuerdos

No quiero dejar pasar un minuto, sin dejar constancia de un gesto de Celia que me tiene totalmente enloquecida. Lo hace desde sus primeros días, y desde entonces se repite y se repite como su sinécdoque.

Siempre le cuesta unos minutos quedarse dormida, pero cuando empieza a cerrar los ojos, siempre o casi siempre, sonríe todo lo grande que puede.

foto de LucíaM

foto de LucíaM

Pero no sólo eso, a los pocos segundos suelta unas carcajadas, que no lo hace despierta, y mueve todo su cuerpecito, como si se muriese de la risa.

Cuando por las noches terminamos la toma, no me resisto a ponerla en su cuna y la acuesto conmigo, muy pegadita a mi, como si todavía estuviese dentro, para así sentir su respiración, su calor, y sus carcajadas. Sentir como se le mueve el pecho antes de soltar una sonora risa, y apretarla. Que se me caiga una lagrimita de felicidad también es fácil.

Por eso me encantan las noches con ella. Bien es cierto que hace ahora justo un año que no duermo del tirón, y que las ojeras, por muchos mililitros de vida que me compre, no desaparecen, pero hay momentos de esos que quieres guardar, en los que sólo ella y yo existimos.

Guardamos el sueño del sastre para que por el día sea la niña de sus ojos…

La maternidad, qué dura y sencillamente satisfactoria, qué tsunami de emociones, qué descontrol, qué terremoto, qué maravilla…

Nada más, simplemente quería hablar y hablar, y escribir y escribir…

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