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Ni siquiera recuerdo, de manos de quién vino este barco que llegó hasta Arredondo, otro de nuestros paraísos, ni por qué lo guardábamos en la maleta, pero me imagino sentada en el borde con los pies descalzos, despeinada por el viento y mirando al frente, segura de nuestro destino…

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Será este, y pasearemos por el Parque Güel como rutina los domingos… o nos quedaremos con escaso sabor de boca y volveremos a NY… O seguiremos paseando por los madriles, encantados, pero con la espinita profesional clavada…

Futuro incierto, que me encanta…

Buenas noches…

cliquea y disfruta...

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