Rincones

No sé, me gusta caer en este rincón para olvidarme de lo cotidiano, de las cosas que no me gustan, para recrearme en mis impulsos, en las cosas que me hacen soñar, cosas divertidas, y respirar a ritmode carcajadas. Me dejo caer cuando quiero desviar el camino que recorro, cuando creo que es posbile.
Desde aquí quiero mostrar las cosas que me mueven, las que hacen las delicias de mis paseos,…, las ganas de buscar sitios nuevos y no dejar de compartirlos, porque si se tiene la oportunidad, por qué no?

Me gusta escribir a diario, con una pequeña pauta para tener algo de organización, que casi nunca consigo. Se me ocurren tantas cosas que contar, tamtas impresiones que compartir, tantas ideas que lanzar al aire…

Pero, tengo varios rincones en mi vida, muy importantes también donde me dejo caer o simplemente me tropiezo y aparezco. Por ello mi vida privada, mis momentos mágicos o íntimos, aquellos que de alguna manera se escapan de la voz social no los dejo ver. Hay que saber guardar los rincones, cerrar la puerta y saber saborearlos.

Pero cuando de alguna manera, todo baila como una cinta en un ventilador y no puedes creer lo que está pasando, cuando dejas de creer en la sociedad como algo seguro, porque te está pisando el dedo gordo, y cada vez con más fuerza, cuando el pesismismo profesional roza la indignación y resulta que ser enfermera, ser aquella persona que uno no sabe de su importancia hasta que cae en sus manos…, y no por orgullo, más por humildad, por empatía, por querer aliviar, por tener la obligación, no moral, sino una olbigación visceral de arropar y proteger … Cuando pasas las fiestas navideñas entre ellos, porque como mi madre me dijo una noche de Noche Buena que salía llorando hacia el hospital “laura, alguien tiene que cuidar de ellos en esa noche tan especial para ellos también, es tu misión”…
Cuando se le deja de dar valor a un trabajo que es el principio de todo, cuando ya sólo valen las actuaciones programadas, los hechos automáticos, el sacar las cosas adelante pero sin ningún sentido, de la manera cada vez más económica…, entonces se muere…, entonces un pequeño rincón de mi armario se muere… Y las ganas se esfuman. No hay peor virus para un trabajador que la falta de reconocimiento…

Tengo la sensación de que puede pasar cualquier cosa, y de que como le decía ayer mi gran sastre de hilo de oro, tenemos que adelantarnos, tenemos que pensar en algo sin detenernos, sin dejarnos llevar…

Perdonad mi rebosamiento de indignación que entristece por un día mi rincon más cuidado, tuve que dejar la puerta abierta para que se escapara y dejase sitio a mis petitcares…

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Me siento como una ficha de un juego que ya no entiendo…

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