Una leona

El otro día escuchaba a Nuria Pérez hablar de los cronotipos, y me dejó con ganas de seguir sabiendo un poco más. Me pasé el día pensando con qué animal me identificaba, y desde el primer momento lo tuve claro, soy una leona.

Me encanta madrugar, habiendo descansado, y empezar el día con mucha energía. No necesito café, ni tan siquiera tomo. Me gusta llenar el día de planes y actividades, hasta aproximadamente las ocho, momento en el que empiezo a bajar el ritmo. Me refugio en mi casa, y disfruto muchísimo durmiendo a mis pequeños, y sintiendo la casa tranquila y en silencio.

Por consiguiente, no soy de mucho salir por la noche. Esto no quita que eche de menos unos bailoteos.

Así que cuando las malas noches se suceden, se interrumpe mi ritmo, se me pone un mal humor que no hay quién me aguante, y si fuera una leona de verdad, sería capaz de comerme a más de uno.

Ésto, no sé cómo gestionarlo, nunca he sabido, me resisto a cambiar nada de mis ritmos internos.

En fin, hoy que nadie se acerque mucho, que muerdo!!

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Mucho

Hoy me vuelvo a levantar cansada, mucho, y no sé hasta qué punto, el porcentaje de cansancio físico es el protagonista.

Desde que leí ayer el post de Mónica Bedmar, no he parado de pensar en si de verdad estoy donde quiero estar, o estoy porque una cosa ha sucedido a la otra y voy enredando una madeja difícil de desenredar.

En los últimos meses, la idea de estar viviendo una vida plana, que ofrece comodidad y muchas facilidades, va y viene, porque ¿cuáles son nuestros límites si no nos ponemos al límite? Me preocupa la idea de pasar el tiempo por mero conformismo. Después, me digo, “no seas tan exigente contigo misma, tienes una suerte de vida, disfruta el camino, relájate”, y comienzo a hacer cambios. Pero esos cambios que parecen muy significativos, desde lo material a lo espiritual, chocan con un muro gigante, infinito de multitudes.

Multitudes en este entorno en el que me muevo, en el que hay mucho de todo, mucha gente, muchos recursos, mucho, mucho, mucho… , es como caminar por un camino muy estrecho en busca de lo que realmente importa.

Después de escupir lo me está pasando por la cabeza y hacerlo real, me relajo y comienzo a caminar, buscando un rumbo diferente lejos de esas multitudes.

Con los pies en la tierra

No estoy delante del ordenador, ni siquiera tengo un par de fotos que sirvan de hilo conductor, pero tengo la necesidad de escribir.
Vivo parte de mi vida en un entorno difícil de asimilar. Aunque del otro lado, del que alienta, apoya, cuida, alivia,…, el impacto de las noticas que dejan el corazón helado y con las que tenemos que lidiar cada día es algo que, al contrario de muchas opiniones, no te hace de piedra. La empatía está hiperdesarrollada, y no te queda más que respirar y darte cuenta de que corres otra suerte y que eres la persona que se presta desde lo humano a ayudar a pasar el trago con un apretón de manos, una sonrisa, un beso en la frente o un silencio.

De momento, mis ojeras son por falta de sueño, y mis sonrisas son por pequeñas cosas cotidianas como que Celia entra al colegio a la pata coja.

Movida por la inspiración que me provoca el libro que tengo apoyado en las rodillas, “Algo que celebrar” de Lola Mayenco, trató de buscar la celebración de esas pequeñas cosas que cada día llenan la rutina, y a las que damos el valor del “porque sí”. Pienso que agradecemos poco y por lo tanto somos poco conscientes de el engranaje que hay detrás de cada una. 

Y me sorprende la cantidad de celebraciones alrededor del mundo. Maravillosas maneras de hacerte ver que formas parte de algo muy real y de lo que estamos rodeados. Pensar que bajo nuestros pies tenemos unas raíces que, aunque invisibles, te conectan con el mundo, consigue que un pequeño click despierte la responsabilidad de formar parte de la naturaleza. Disfrutar el invierno, desde el calor interior, preparando comidas con productos de temporada, darle el uso a las mantas y edredones, encender velas y refugiarse en casa, siendo consciente de que la naturaleza ha dejado de dar signos de vida porque están recuperando fuerzas para renacer en unos meses, es pura magia.

Los días pasan, y mi máxima es no querer que llegue el buen tiempo y la sandía, la ropa ligera y el tiempo relajado. Mi máxima es ser capaz de reconocer las sutilezas del momento, celebrarlas y disfrutarlas. 

Feliz fin de semana.

Estos cincos meses

  

Y se acabó! Hoy hace cinco meses que somos cuatro. 

Y me apetece hacer balance, porque me siento diferente, no sólo por lo obvio, siento haber girado las tuercas varias veces. Todavía no tengo muy claro qué ha cambiado dentro de mi, pero es algo que me gusta.

  
Ser madre por segunda vez, me demuestra que la experiencia es un grado.

Lucas llegó de pie, mimoso y con una necesidad de estar abrazado que me encanta satisfacer. 

No sabes cómo, pero el amor se multiplica, se multiplican los abrazos, los besos, los juegos… Y de repente, me veo tan absorbida por la situación, que me cuesta pensar que ahora es lo que tengo que hacer, disfrutar de esta locura que es la maternidad, y comienzo a dejarme llevar, a olvidar los paseos, las cafeterías, y cualquier plan cotidiano.

  
Decidí vivir una baja maternal con mis dos pequeños, como una gallina y sus pollitos, sin despegarnos ni un sólo día, con sus momentos duros, pero con la cosa de haber exprimido el tiempo con Celia y con Lucas.

He buscado la manera más sencilla y lógica para educar, procurando ser modelo de actitudes y aptitudes. Bajándome a nivel infantil para poder comprender sus dos años de continuos cambios, dándole el espacio que necesita, respetando su ritmo y estando bien cerquita por si me necesitaba.

Pero, sobre todo, he puesto en orden mis prioridades, y lo tengo claro, no me importa el ritmo vertiginoso de la vida, ni al que nos hace caminar la sociedad. Yo, me bajo, y tengo más claro que nunca que hay tantas formas de hacer las cosas!, que el respeto por todas ellas hace que mi tolerancia haya aumentado.

 
Ella, con una fuerte personalidad, con una curiosidad gigante y con fuerza para comerse el mundo. Me tiene loca, me encanta observarla y ver como cada día es un poquito más mayor. Me encanta ser parte de su vida, ser su punto de referencia y su guía.

  

Él, ya me tiene ganada. Desde que entendí con su hermana, que cada nino es un mundo y tiene diferentes necesidades, estoy entregada a descubrir el cómo es y qué le gusta. Y de este modo, relajado, me dejo llevar, entre mimos.

 
Y todo esto de su mano, somos un equipo, de cuatro, indestructible, maravilloso, único.

Nos entendemos como nadie, y eso, es lo que nos vale.  

My girl

  

Cómo controlas tu mente de persona adulta, delante de un niño? Tan acostumbrados estamos a tratar con mayores, que no se nos ocurre pensar que ellos, los más pequeños, no entienden nada?

Ahora que me encuentro con una ella, de fuerte personalidad, buscando su hueco, su reconocimiento, su punto de partida… , paro y pienso antes de actuar, porque parece que la protejo, que estoy continuamente defendiéndola, y es que sí, soy su mayor defensora, y me derrito con ella. 

Tengo que ser su mayor defensora, para mi, es perfecta.

Tan fácil como que creo que hay que dejarla ser, con un control, claro está, pero dejarla ser loca, atrevida, divertida, dicharachera, absorbente y agotadora. Siempre quiere más, y qué mejor? Qué mejor, que tenga ganas de aprender, de moverse, de jugar, de dar vueltas sin parar,..

  
Ya habrá tiempo para el control, y el “saber estar”, ahora, sólo necesita correr y correr.

Algún que otro pensamiento

 
Aunque intente quedarme a un lado, en mi propio mundo, sin escuchar al otro, me cuesta dejar a un lado la cantidad de información de los medios. Me cuesta dejar de pensar que estamos tarumbas, que  mientras hay niños que aparecen “dormidos” en la playa, nosotros, los que tenemos la facilidad de encender la calefacción, o de cambiar el bodie por una pequeño mancha en el anterior, no podamos parar de pensar en absurdeces.

Así, qué tipo de sociedad construimos? 

Cada día más encerrada en mi mundo, con mis Tres Fantásticos, buscando el lado bonito y correcto de la vida. Intentando la difícil tarea de dar ejemplo.

De vuelta, con otra mirada, con la misma esencia

 
Mucho tiempo, demasiado, pero ha llegado el momento de retomar, de seguir creciendo y enriqueciendo. 

Mi vida, gira en torno a mi familia de una manera tan absorbente, que me cuesta salir, pero vamos a ver qué sale de esta nueva temporada de Petitcares.

En esencia, sigo siendo la misma, con los mismos intereses y gustos, lo que ocurre, es que las prioridades, han cambiado. Es como si poco a poco las cosas se fueran poniendo en orden y lo realmente importante dejara una dulce tranquilidad con la que llevar el resto de cosas que antes me estresaban y sacaban lo peor de mi.

Ahora que estoy de estreno de bebé, casa y año, sólo puedo sentirme más emocionada por seguir buscando y encontrar cosas que me inspiren y me llenen de verdad, dejando a un lado los convencionalismos a los que estamos sometidos.

Pretendo con este pequeño rincón, que quien lo lea se sienta a gusto, y que tenga la impresión de desconectar por un momento a mi lado.

Lo echaba tanto de menos, que no me ha quedado más remedio que recomenzar.

Feliz Noche de Reyes

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La madrugada del seis de Enero tiene una vibración especial en mi vida, como producto de la magia que mis padres volcaron en mi infancia y que ha conseguido que incluso ahora, siga pensando que es la noche más especial de año.

Recuerdo la sensación de nervios e inquietud, de pensar que por la noche tres señores coronados entraban dentro de casa, de que sus camellos beberían agua y que los polvorones y turrones les ayudarían a seguir con la tarea. De hecho, el mirar el plato y comprobar que habían bebido de las copas era lo que demostraba que había sido verdad.

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Mis hermanos y yo, a las cinco y media ya no podíamos más, nos daba miedo cruzar el pasillo, y en fila, medio tropezando y con la risa floja llegábamos al marco de la puerta del salón. Recuerdo esa mirada fugaz hacia el salón, alumbrado por las luces del árbol y del belén, y ver un sofá llenito de regalos. Entonces alguno de nosotros iba corriendo a la habitación de mis padres a decirles “que ya han venido los Reyes!!!!!”, ellos imagino que ya despiertos por nuestro trasiego en el pasillo, se morían de la emoción al ver la magia que habían conseguido, con un mimo y cuidado exquisito.

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Sin duda uno de los recuerdos más felices de mi niñez. Cada año los zapatos, donde encontrábamos una nota escrita a mano por un Rey. Cada año la misma ilusión, cada año especial.

Así que no queda otra que seguir con el legado, ahora desde el otro lado, desde donde se mueven los hilos de la ilusión y la magia, con cuidado, sin perder detalle.

Feliz Noche de Reyes

Especialmente dedicado a mis hermanos, hemos pasado al otro lado y tenemos que seguir con ese saco de emoción que papá y mamá fueron llenando cada año.

Atelier108 y Federica and Co

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Ya contaba hace unos días la experiencia del Atelier108con El Tarro de Ideas, y del cuadernillo de viaje tan apañao que me llevé a casa.

Pues, para suerte mía, el pasado fin de semana, tuve el placer de asistir a otro taller al que tenía muchas ganas, una tarde de cocina con Federica and Co

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Federica, tiene un jardín en el centro de Madrid llenito de maravillas, donde realiza actividades con una pinta estupenda. Pero ante todo, es cocinera, de esas que paladean el slow food, que sabe y conocen el mejor producto, que disfruta con los olores, el chasquido de las verduras al romperse, el color del chocolate fundido…
Así que fue imposible no disfrutar.

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Me estuve acordando de mi cámara toda la tarde, pero me obligué a no llevarla, porque sabía que no iba a centrarme y a dejarme llevar.
Preparamos un menú de Navidad delicios, un grupo de quince desconocidas, que con cava en la mano tratábamos de imaginarnos en casa, mientras intercalábamos risas, con eneldo, romero y huevas.

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Federica inspiró mi viaje a la Provenza, y sòlo puedo imaginarme en aquella casa de Menerbes disfrutando de un manjar parecido

Un placer ya digo